La Confianza y la acción humana

Distinción de confianza

La confianza es fundamental para la convivencia social y espacialmente para la efectiva coordinación de acciones. En nuestra interpretación, la confianza no es un sentimiento que surge de nosotros en forma espontánea o arbitraria; no es algo que desarrollamos desde adentro como una inspiración interno o personal.

Decimos que la confianza es especialmente un fenómeno social que surge de nuestra capacidad de coordinar acciones. Distinguimos la confianza como un juicio evaluativo. Cuando confiamos en alguien, estamos diciendo que tenemos un juicio positivo de que esa persona cumplirá sus promesas.

Decimos, entonces, que la confianza es constitutiva de nuestra capacidad de hacer promesas y de coordinar acciones. Confiamos que las personas hacen promesas en dominios específicos cumplirán. Por ejemplo, confiamos en el médico que promete cuidar de nuestra salud, y no confiamos en él para que cuide nuestro computador. Podemos confiar en alguien respecto a ser puntual en reuniones de trabajo, pero no en ser puntual en asuntos familiares.

Estructura del juicio de confianza

Podemos distinguir la confianza aún más. Cada vez que una persona hace una promesa, nos hacemos un juicio acerca de esa persona respecto a su sinceridad, su competencia y su responsabilidad.

Podemos evaluar si confiamos en esa persona en cada uno de estos dominios. Comúnmente no estamos conscientes de estos dominios, ni distinguimos uno del otro.

Juicio de Confianza en la Sinceridad

Decimos que una persona es sincera cuando tenemos el juicio que la conversación privada acerca de su promesa es consistente con su conversación pública. Decimos que lo que esa persona piensa (conversación privada) y lo que esa persona dice (su conversación pública) son coherente

A la inversa, decimos que una persona es insincera cuando tenemos el juicio que nos esconde algo o que está sosteniendo una conversación privada (lo que piensa) es diferente de la conversación pública (lo que dice). Decimos que la sinceridad es el juicio evaluativo que hacemos en el presente, en el momento que alguien nos hace una promesa. Si tenemos una evaluación positiva de la sinceridad de una persona, decimos que confiamos en ella en ese dominio.

Si tenemos un juicio negativo acerca de la sinceridad de la persona, decimos que desconfiamos de esa persona. Como todos los juicios, el juicio de confianza en la sinceridad de una persona pueden ser fundados o infundados.

Frecuentemente nos vemos ante la necesidad de aceptar o rechazar la sinceridad de una persona, sin poder fundamentar nuestra evaluación. Aceptamos la sinceridad de hacer promesas sin cuestionarla. En el espacio profesional, nos vemos frecuentemente con personas que no hemos conocido anteriormente, cuya sinceridad puede ser difícil de evaluar en una primera instancia.

No siempre nos encontramos en posición de fundamentar nuestros juicios de sinceridad; si buscamos fundamentos para nuestra evaluación de sinceridad, la nueva posibilidad que acompaña la promesa podría desaparecer.

Cuando una persona nos promete, abrimos nuevas posibilidades y, al mismo tiempo, tomamos ciertos riesgos, y nos exponemos a quiebres negativos. Algunas veces evaluamos que el riesgo involucrado en cuestionar la sinceridad de alguien no es tanto como para justificar la búsqueda de fundamentos para nuestros juicios.

Decimos que la confianza y la desconfianza son dos predisposiciones automáticas que tenemos en la vida respecto a las promesas de las personas.

Podemos hablar de personas confiadas y desconfiadas. Las personas confiadas tienen juicios positivos acerca de la sinceridad de los otros si es que no tienen razones aparentes para dudar. Para la gente confiada, el juicio positivo de sinceridad es su forma espontánea de relacionarse con otros.

Las personas desconfiadas se enfrentan a los otros con una disposición inicial según la cual nadie debe ser considerado sincero, salvo que se tenga suficiente fundamento para hacer un juicio de confianza. Para las personas desconfiadas, nadie merece nuestra confianza salvo que se pruebe lo contrario.

Hoy día, la desconfianza es la predisposición más común. Cuando la desconfianza es nuestro ánimo predominante en la vida, restringimos las posibilidades que se pueden desarrollar.

Cuando confiamos, nos involucramos en abrir nuevas posibilidades en la vida, a pesar que al hacerlo tomamos riesgos. La consecuencia de la desconfianza es que no nos arriesgamos, buscando la seguridad en la vida y no desarrollamos nuevas posibilidades para nosotros mismos.

Podemos ser confiados o desconfiados en distintos dominios. Hay personas en las que, por ejemplo, podemos confiar en los negocios y desconfiar en el ámbito de las relaciones, o viceversa.

Vivimos en un mundo que cambia rápidamente, en que la vida puede ser una danza muy rápida, presentándonos peticiones y promesas continuamente. Si nos tomáramos el tiempo de fundar todos nuestros juicios de sinceridad, perderíamos muchas posibilidades.

Juicio de Confianza en la Competencia

Cuando recibimos una promesa, necesitamos además evaluar la competencia y capacidades de la persona para cumplir lo que promete. Un juicio de competencia se refiere a la habilidad de la persona para efectuar efectivamente las acciones necesarias para cumplir la promesa. Podríamos tener el juicio que la persona, a pesar de su sinceridad, no es competente para proveer las condiciones de satisfacción.

Tomemos un ejemplo. Un amigo nos dice: "Tranquilo amigo, no te preocupes. Puedes ir a tu reunión y yo iré al trabajo por ti mañana". La persona puede tener un juicio positivo acerca de la sinceridad de su amigo, pero evaluar negativamente su competencia de llevar a cabo lo prometido. Hay otras situaciones en que podemos tener un juicio positivo acerca de la competencia o capacidad de cumplir una promesa, pero objetamos su sinceridad.

Lo que hemos dicho acerca de la confianza en relación con la sinceridad, puede ser observado, con las mismas distinciones, respecto a la competencia.

Esto quiere decir que podemos hablar de confianza y desconfianza como juicios acerca de la competencia de una persona para cumplir una promesa. Lo importante es reconocer que la sinceridad y la competencia son dos dominios de acción diferentes, y que cuando hacemos o recibimos promesas, hacemos juicios y nos enjuician en ambos dominios.

Juicio de Confianza en la Responsabilidad

Hay un tercer dominio que necesitamos observar. Es el dominio que llamamos la responsabilidad. La responsabilidad es el juicio que tenemos acerca de la capacidad de alguien de cumplir con sus compromisos con otros.

Decimos que cuando alguien nos hace una promesa, debemos además evaluar las competencias para cumplir las condiciones de satisfacción, sino la competencia general de esa persona para cumplir sus promesas. ¿Puede cumplir la promesa a tiempo? ¿Cuándo cumple con lo solicitado? ¿Si no genera satisfacción, solicita mayores datos? ¿Avisa a tiempo si no puede cumplir la promesa, la cancela, o hace una nueva promesa?

Estas son algunas de las observaciones que hacemos y las preguntas que nos formulamos para determinar si alguien es confiable. Como mencionamos anteriormente, en nuestra sección sobre los elementos básicos de las promesas, los seres humanos no podemos cumplir todas las promesas que hacemos. Cuando hacemos una promesa, normalmente evaluamos el flujo de los compromisos futuros que enfrentaremos durante el tiempo necesario para producir las condiciones de satisfacción involucradas en nuestra promesa.

Pero como no podemos anticipar el futuro, la estructura de nuestros compromisos puede cambiar y, para ser consistente con nuestros intereses básicos en la vida, podemos requerir modificar nuestras prioridades y hacernos cargo de quiebres que no anticipamos cuando hicimos la promesa. Podemos entonces necesitar anular la promesa.

Cuando rompemos una promesa, necesitamos considerar las consecuencias, porque afectamos nuestra confiabilidad. Al mismo tiempo, debemos observar que el costo de no romper una promesa puede ser aún más alto. Por ejemplo, si hemos prometido dirigir una reunión, y al momento de ingresar nos informan que un miembro de nuestra familia tuvo un accidente y está herido, nos veríamos en la necesidad de anular nuestra promesa.
Podemos evaluar que, a pesar del costo para nuestra compañía, necesitamos hacernos cargo de nuestra familia.

Podemos efectuar algunas acciones para disminuir el costo de romper una promesa. Por ejemplo, debemos avisar rápidamente para alertar a la persona a quien prometimos, y así disminuir las consecuencias de nuestra decisión de anular la promesa.
También podemos ofrecer alguna alternativa para resolver el asunto involucrado en nuestra
promesa. Podemos ofrecer una compensación por el daño que causamos. Podremos necesitar proveer fundamentos que apoyen nuestra reevaluación de prioridades, etc., y debemos saber y aceptar que cada vez que rompemos una promesa, pagamos un costo en términos de nuestra identidad pública.

Promesas, confianza e identidad pública

Nuestra identidad pública, de esta manera, se desarrolla a través de nuestra capacidad de hacernos cargo de los intereses de otras personas. Estos intereses se abordan a través de promesas y ofrecimientos que hacemos públicamente.

Nuestra identidad pública se construye de acuerdo a la forma en que nuestras promesas y ofrecimientos se orientan a los intereses de otras personas. En el espacio público somos lo que son nuestras promesas y ofertas.

Necesitamos hacernos cargo de la forma en que somos evaluados en los dominios de nuestra sinceridad, competencia y responsabilidad. Nuestro desempeño y el juicio público acerca de nuestro desempeño, en cada uno de estos dominios, es una de las maneras básicas en que construimos nuestra identidad pública.

De acuerdo con lo que hemos distinguido, las promesas son compromisos por los que entregaremos determinadas condiciones de satisfacción en un cierto período.
Algunas ofertas no implican siempre compromisos de acciones futuras; pueden ser para entregar condiciones ya cumplidas, inmediatamente, sin necesidad de acciones ulteriores.

Por ejemplo, cuando un artista presenta sus pinturas en una galería de arte, está ofreciendo algo que ya pintó. Las condiciones de satisfacción no se negocian como sucede frecuentemente con las promesas. Esta es además la manera predominante de dirigirse a los intereses de otras personas en un espacio social. Lo hacemos sin negociar directamente con otros las condiciones de satisfacción. En lugar de ello, anticipamos las condiciones de satisfacción faltantes, hacemos ofertas, evaluamos la forma en que el mercado se comporta y ajustamos nuestras ofertas al comportamiento del mercado.

Frecuentemente nuestras ofertas no serán observadas por otros como una carencia o como algo que tienen el juicio de estar necesitando. Por otra parte, si escuchamos los intereses y los quiebres de otras personas, podemos ser capaces de identificar lo que les falta antes que ellas. Para hacer aceptable nuestro ofrecimiento, debemos mostrar que lo que ofrecemos es aquello que les falta. Esta es la dinámica de la innovación ya que nadie esta explícitamente pidiendo lo que permite la innovación.

La confianza, las oferta y la innovación

La capacidad de escuchar los intereses de otras personas, de participar en narrativas amplias acerca de las prácticas sociales, la economía y del mundo y de hacer juicios fundamentados, son esenciales para aumentar nuestras oportunidades en la vida y desarrollar acciones efectivas cuando hacemos ofertas.

El valor de nuestras promesas y ofrecimientos será una de las medidas de nuestra fortaleza de nuestra identidad. De acuerdo con las promesas y ofrecimientos que podemos proveer, podemos asegurar las promesas y ofrecimientos para nosotros mismos.

Si nuestras promesas y ofrecimientos pueden proveer condiciones de satisfacción que se hacen cargo de los intereses de otras personas y que muy pocos o nadie puede proveer, y si somos evaluados en forma positiva en nuestra sinceridad, competencia y confiabilidad, la gente estará dispuesta a dar parte de lo que tiene a cambio de lo que ofrecemos.

Un intérprete musical sobresaliente, por ejemplo, crea su éxito y su fortuna personal en las promesas y ofertas especiales que puede proveer. Las personas están dispuestas a pagar por escucharle, pero no lo harían para escuchar a otro. Lo mismo sucede en otras profesiones y otros campos.

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