Hacer Peticiones

Concepto

Una petición es un acto linguistico de los que llamamos promesa. Formulamos una petición cuando lo que necesitamos que suceda requiere de la participación de otras personas y no va a ocurrir en el normal desarrollo de los acontecimientos.

En sentido contrario, no pedimos lo que va a ocurrir de cualquier forma. No pedimos que el sol salga todos los días, no pedimos que respires hasta el día de tu muerte. Por tanto pedimos generalmente cuando estamos conectados con la declaración de un problema y emprendemos acciones para superarlo, o con la declaración de un propósito y coordinamos acciones con otros para lograrlo. Pedimos cuando necesitamos ayuda y es en alguna medida un acto de humildad.

Cuando pedimos buscamos establecer un compromiso con otra persona: “Yo te pido que me muestres las facturas originales de los equipos adquiridos el próximo viernes para poder revisarlas”.

Es decir, cuando pedimos buscando aceptación del otro a nuestro pedido: “Okey, te las entrego el viernes a las 10:00 am, en la sede de la USP. Hacer peticiones es la manera de avanzar hacia un compromiso: “Okey, quedamos comprometidos para el próximo viernes a las 10:00 am, en la sede de la USP”. Una vez que esa aceptación se produce, se establece un compromiso, el que acepta se compromete a hacer o a obtener los resultados solicitados y el que pide se compromete a esperarlos y a recibirlos en las condiciones establecidas.

El compromiso ocurre siempre entre ambas partes. Una vez establecido el compromiso, las personas involucradas hacen sus planes en función de eso y adquieren otros compromisos con otras personas, por ejemplo, reportar la situación de la USP a superiores el próximo lunes.

Cuando la habilidad para hacer peticiones no está presente, las personas esperan que los demás adivinen sus necesidades o inquietudes, lo que seguramente no ocurrirá. Consideran que los demás deben de alguna manera hacerse cargo de sus necesidades. Esa pretensión produce a menudo resentimiento: “Acaso no te das cuenta que necesito que me entregues los resultados de tu trabajo antes de mañana, para que yo pueda realizar mi trabajo”.

Claro que a todos nos agrada que los demás se anticipen a nuestras inquietudes, pero, puede que esto no sea tan evidente y que requiera ser pedido y comprometido para que ocurra. Si la petición expresa no se produce, y la aceptación expresa no se realiza, ¿cómo podemos reclamar algo que no ha sido comprometido? Y sin embargo, lo hacemos.

A menudo hacemos reclamos suponiendo que el otro debió hacer algo que nunca acordamos previamente. Esperamos que las USP no contraten personal, por ejemplo, o que paguen anticipos de igual monto, cuando estas han establecido otros términos en sus reglamentos internos que, sin violar la reglamentación vigente en materia de cooperativas, hace posible otras alternativas de actuación. En tales casos hacemos reclamos sobre compromisos que nunca se han establecido. Esperamos que las USP adivinen y respondan a expectativas que no se han explicitado.

La petición tiene la siguiente estructura:
• El que pide, o el orador:
• Aquel al que se le formula la petición o el oyente
• La acción que se pide realizar
• Tiempo de entrega de los resultados esperados
• Condiciones de satisfacción o estándares de calidad esperados.

Una manera esquemática de ilustrarlo es la siguiente:
“Yo te pido que me entregues el informe el día viernes a las 10:00 am, utilizando el instructivo anexo guiarte en su elaboración”.

En esta petición observamos todas las partes de una petición que puede, previa aceptación, conducir a un compromiso claramente establecido. En sentido contrario una petición pobre podría ser.
“Hay que elaborar el informe lo antes posible”

Esta petición no tiene ni orador, ni oyente, ni tiempo ni condiciones de satisfacción. Difícilmente se le podrá hacer un buen seguimiento.

Una petición sin embargo, no es una orden. Para que sea una verdadera petición, aquel al que está dirigida debe tener la posibilidad de declarar NO: “No acepto tu petición”. De lo contrario, no es una petición, es una orden. Por otro lado, aquel que pide sabe que puede recibir un No por respuesta, y esa es una posibilidad válida, inherente a la condición de integridad, respeto, y dignidad humana. Aceptación no es obediencia.

Efectivamente, podemos forzar una relación de obediencia cuando una de las partes en la relación tiene, o la otra le concede, el poder para amedrentar, controlar o limitar su acción. Pero en tal relación, basada en el miedo y no en la confianza, se compromete la dignidad y la independencia humana y por tanto tiene consecuencias. La relación de subordinación u obediencia genera, a la larga, resentimiento.

La única institución social que funciona en base a relaciones de estricta obediencia es la institución militar, ya que esta está preparada y entrenada para actuar eficientemente en condiciones de amenaza a la soberanía nacional o de guerra. La guerra es precisamente el espacio de la experiencia humana en el que el respeto, la dignidad, y lo derechos más fundamentales, quedan reducidos a su mínima expresión.

La humanidad a través de convenios internacionales como el de Ginebra ha intentado establecer un espacio de derechos humanos aún en el caso de guerras. Aun en la institución militar, la obediencia está acotada a un espacio profesional y ético que limita su acción. Ni siquiera en la institución militar el poder para mandar y el deber e obedecer es irrestricto.

Conductas Observables

Cuando está presente la habilidad para pedir observamos las siguientes conductas observables:

  1. Aquel que pide, le pide a alguien que está claramente definido o identificado y se hace plenamente responsable de la petición que hace. Es decir, evita hacer peticiones genéricas como las siguientes: “que alguien, por favor, recoja este desastre” ó “hay que recoger este desastre”. En el primer caso, no hay un destinatario de la petición y en el segundo caso no hay alguien responsable de hacerla. Por tanto, el compromiso no puede producirse y lo más probable es que la acción no se produzca. Una petición formulada en estos términos resulta inútil.
  2. Aquello que se pide y las condiciones en las que se espera obtenerlo, tal como el tiempo, también están identificadas en la petición. Es decir, evita hacer peticiones difusas tales como “preséntame por favor el informe de gestión de la USP”. En esta petición el informe puede ser una carta de tres líneas o un libro de 200 y puede ser entregado mañana o en diez años. Una petición así, tampoco conduce a un compromiso y por tanto es una declaración de deseos pero no una petición. Por favor, entrégame el informe de gestión en un lapso de un mes, utilizando las especificaciones de este instructivo para su elaboración, te parece? Una petición formulada en estos términos puede conducir a un compromiso, quizás después de una negociación. Te lo puedo entregar dentro de cinco semanas, ¿te parece? Okey. El compromiso ha sido sellado.
  3. Estar siempre dispuesto a recibir un NO por respuesta y a negociar los términos de la petición si es necesario para obtener un compromiso. Se muestra sensible ante los límites de otras personas.
  4. La autoimagen y la dignidad de aquel que pide no está en jugo en la petición o en su resultado. El hecho que una petición sea rehusada no tiene ninguna relación con su autoconfianza o su autoimagen.
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