Declaraciones

Declaraciones y Afirmaciones

La declaración es un acto lingüístico muy diferente al de las afirmaciones. Cuando hacemos una declaración no hablamos acerca del mundo, sino que generamos un nuevo mundo para nosotros. La palabra genera una realidad diferente. Después de haberse dicho lo que se dijo, el mundo ya no es el mismo de antes. Este fue transformado por el poder de la palabra.

Tomemos un clásico ejemplo histórico. Cuando un grupo de personas se reunió en Caracas en julio de 1811 y, asumiendo la representación de las provincias españolas, dieron a conocer al mundo una declaración “la declaración de la independencia”, ellos no estaban hablando “sobre” lo que sucedía en el mundo en esos momentos. Estaban creando un nuevo mundo, un mundo que no existía antes de realizarse esa Declaración.

Las Declaraciones y la Cotidianidad

Las declaraciones no sólo suceden en momentos muy especiales de la historia. Las encontramos en todas partes a lo largo de nuestra vida, muy presentes en nuestra cotidianidad. Cuando el juez dice “¡Inocente!”; cuando el árbitro dice “¡Fuera de juego!”; cuando el jefe civil dice “Los declaro marido y mujer”; cuando decimos en nuestra casa “Es hora de cenar”; cuando alguien crea una nueva empresa; cuando un gerente contrata o despide a alguien; cuando un profesor o maestro dice “Aprobado”; cuando una madre dice a su niño “Ahora puedes jugar con la computadora”, en todas estas situaciones se están haciendo declaraciones. y en todos estos casos, el mundo es diferente después de la declaración. La acción de hacer una declaración cambia lo que es posible, cambia la realidad.

En cada uno de estos casos, la palabra transforma al mundo. Una vez que una declaración es hecha, las cosas dejan de ser como eran antes. En cada una de estas circunstancias, el mundo se articula en función del poder de la declaración.

La Capacidad Generativa del Lenguaje

Cada una de los ejemplos anteriores es un ejemplo de la capacidad generativa y transformadora del lenguaje. Se trata de situaciones concretas en las que podemos reconocer las limitaciones de nuestra concepción tradicional, que concibe al lenguaje como un instrumento fundamentalmente pasivo.

Las declaraciones nos acercan a lo que comúnmente asociamos con el poder mítico de los dioses de la antigüedad. Son la expresión más clara del poder de la palabra, de que aquello que se dice transforma la realidad; que la realidad se transforma siguiendo la voluntad de quien habla. No es extraño, por lo tanto, constatar cómo, .en nuestra cultura cristiana, se sostiene que en el inicio solo existía el verbo y que fue precisamente la palabra, como nos lo relata el Génesis, la que comenzó a crear el mundo a través de sucesivas declaraciones. “Hágase la luz”, “Hágase los mares”, “hágase la tierra” y así Dios creo el mundo mediante la palabra.

Las declaraciones no están relacionadas con nuestras capacidades compartidas de observación, como acontecía con las afirmaciones. Están relacionadas con el poder. Sólo generamos un mundo diferente a través de nuestras declaraciones si tenemos la capacidad de hacerlas cumplir. Esta capacidad puede provenir de la fuerza o habernos sido otorgada como autoridad.

La fuerza nos obliga a inclinarnos ante una declaración y acatarla porque queremos evitar el riesgo de desintegración. La autoridad es el poder que nosotros o la comunidad otorga a ciertas personas para hacer declaraciones válidas. Ambas, la fuerza y la autoridad, son expresiones de poder.

Las declaraciones no son verdaderas o falsas, como lo eran las afirmaciones. Ellas son válidas o inválidas según el poder de la persona que las hace. Esta es una distinción fundamental cuando nos ocupamos de las declaraciones. Una declaración implica una clase diferente de compromiso que el de las afirmaciones.

Cuando declaramos algo nos comprometemos a comportarnos consistentemente con la nueva realidad que hemos declarado. El jefe civil que celebró la ceremonia por ejemplo, no puede decir más tarde que realmente no quería decir lo que declaró, sin sufrir las consecuencias de un actuar inconsistente.

Cuando hacemos una declaración también nos comprometemos con la validez de ella. Esto significa que sostenemos tener la autoridad para hacer tal declaración y que ella fue hecha de acuerdo a normas socialmente aceptadas. La autoridad está generalmente limitada a normas sociales específicas.

La persona a quien se le otorgó autoridad para hacer una determinada declaración debe, comúnmente, cumplir con ciertos requisitos para poder hacerla. Un jurado, por ejemplo, tiene la autoridad para declarar un veredicto de inocencia, pero para hacerlo debe cumplir con normas sociales claramente establecidas

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License

SSL configuration warning

This site has been configured to use only SSL (HTTPS) secure connection. SSL is available only for Pro+ premium accounts.

If you are the master administrator of this site, please either upgrade your account to enable secure access. You can also disable SSL access in the Site Manager for this site.